Mirar
hoy como las mujeres de la Biblia
(8 de marzo, Día de la Mujer Trabajadora)
Queridos hermanos y hermanas de fe: os propongo
en este 8 de marzo echar una mirada a la realidad y situarnos activamente en
ella, teniendo como referencia la novedosa y liberadora relación que entabló
Jesús con los oprimidos y marginados de su sociedad: mujeres, enfermos,
extranjeros, pobres...
Superar distancias, no pasar de largo
En
el comportamiento de JESÚS observamos que no vive en babia, sino que es muy
consciente de la realidad de sufrimiento que esa sociedad injusta generaba
entre los y las más pobres y desprotegidos. En Él descubrimos que hemos de
estar muy cerca de las víctimas, ponernos de su parte, sacar a la luz sus
problemas y denunciar la causa de su sufrimiento. Es en esa identificación con
las víctimas donde hallaremos al Cristo crucificado. Es ahí donde ligaremos
inseparablemente el amor a Dios y al prójimo. Cuentan que Monseñor Angelelli,
el obispo argentino asesinado, solía comentar: «Hay que vivir con un oído puesto en el Evangelio y otro en la gente.
Como en un duetto operístico, vida y Evangelio se convierten en dos voces
inseparables que hacen resonar la Palabra de Dios en estéreo»1
La
realidad es que los niveles de pobreza en España han aumentado en un 8% desde
el inicio de la crisis, que tenemos tres millones de personas que viven con
menos de 307 euros al mes, que casi el 30% de nuestros niños viven bajo el
umbral de la pobreza, que cuatro de cada 10 hogares no pueden hacer frente a
imprevistos ni comer más de 3 días a la semana carne o pescado, que el recibo
de la luz y el agua no para de subir, que casi dos millones de hogares tienen
todos sus miembros en paro y que, desafortunadamente, tener trabajo no
garantiza salir de la pobreza porque el trabajo se ha precarizado2.
Las medidas paliativas ante la crisis que se van tomando están disminuyendo
los derechos sociales y laborales que tantos años de sudor y sangre costaron.
Y mientras, los más ricos y poderosos han visto aumentar sus riquezas y poder.
La brecha entre ricos y pobres se va ensanchando
Por
todo ello, hoy es un momento especial, una oportunidad para llevar la
eucaristía a la vida y la vida a la eucaristía y «anunciar su muerte en la
agonía de tantos empobrecidos por este sistema y de proclamar su
resurrección». Y hacerlo no solamente a título personal, sino como Iglesia
desde nuestros movimientos y asociaciones, desde nuestras parroquias, con
nuestros pastores... La Iglesia, por fidelidad a Jesucristo, necesita
concretar en esta realidad sufriente que Deus
Caritas est (Dios es amor)3.
Mantener viva la esperanza y contagiarla
Como
la mujer que amasa, vamos a hacer fermentar en la masa la humilde confianza de
que la experiencia de la fraternidad no es insensata. Vamos a aprender de la
tenaz insistencia de la cananea y de la viuda, que no consideraron inevitable
la situación en que se hallaban y utilizaron lo único que tenían, LA VOZ, para
interferir en la conciencia de otros y cambiar su actitud. Actualicemos a los
profetas. Mantengamos un clamor persistente, máxime cuando está demostrado que
la pobreza hoy no es un destino inevitable. El economista Juan Torres afirma
que nunca antes se ha dispuesto de tantos medios para resolver las necesidades
sociales, pero nunca estuvieron tan concentrados en tan pocas manos4.
Pensemos que si esta construcción social y económica ha sido creada por el ser
humano también puede ser cambiada. Anunciemos que «otro mundo es posible».
Como
María de Magdala encontremos en las tumbas vacías de nuestro mundo, la
presencia del Resucitado; mantengamos una mirada positiva más allá de las
decepciones e impaciencias. Como dice el Papa Francisco: «No nos dejemos robar la esperanza».
Los
cristianos y cristianas estamos llamados a poner alegría donde hay tristeza y
consuelo donde hay pena. La alegría es signo de que Dios nos ama y ama con
especial ternura a los que más sufren. Como Jesús hemos sido enviados y
enviadas «para dar la buena noticia a los que sufren, para consolar a todos
los que lloran» (Is 61,2), ofrecerles «aceite de gozo en vez de vestido de
luto» (Is 61,3) enjugar nuestras lágrimas y las suyas y vendar los corazones
doloridos, rotos, angustiados y desesperados, animar a los abatidos y
desilusionados y encender en ellos alguna luz5.
Como
María, la del Magníicat6, podemos seguir creyendo contra todas las
evidencias, que el brazo poderoso del Señor va a derribar del trono a los
soberbios y va a colmar de bienes a los hambrientos. Con ella inclinamos
decididamente nuestro corazón hacia los verdaderos dueños del pan: los
desposeídos, los que no saben, no pueden. En ella, recuperamos al Dios de los
pobres, al Dios parcial, al Dios de las causas perdidas; a ese Dios que rechazan
los poderosos.
Loles
Gambín Molina, HOAC Callosa de Segura
1. Citado en DOLORES
ALEIXANDRE, Hilvanes y pespuntes. Cuando la Biblia y la vida se tejen juntas, Feadulta.com,
Madrid 2011, p. 88.
2. El comisario
Europeo de Empleo y Asuntos Sociales, László Andor, dijo en rueda de prensa que
el 12% de los trabajadores españoles viven en situación de pobreza.
3. BENEDICTO XVI,
carta encíclica Deus caritas est, diciembre de 2005.
4. JUAN TORRES LÓPEZ,
Contra la crisis, otra economía y otro modo de vivir, HOAC, octubre 2011, pg12.
5. Para rezar y
profundizar en la alegría: «Como la gallina a sus polluelos» Adviento y Navidad
2002-03, p. 56-62 y ¡Si tú supieras...! Adviento y Navidad 2003-04 p 71-80
Editadas por Cáritas Española.
6. «.. .Su brazo interviene con fuerza,
desbarata los planes de los arrogantes, derriba del trono a los poderosos y
exalta a los humildes, a los hambrientos los colma de bienes y a los ricos los
despide de vacío». (Lc 1, 48-53).
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