"G. Rovirosa tenía callos en sus manos y fe vigorosa en su corazón" (Mons. Victorio Oliver)

jueves, 23 de febrero de 2012

NOTAS APRESURADAS EN TORNO A LA ENCÍCLICA LABOREM EXERCENS Y LA REFORMA LABORAL

No podemos olvidar, como recordaba Laborem exercens, que es deber de la Iglesia recordar siempre la dignidad y los derechos de los hombres del trabajo y denunciar las violaciones de esos derechos y orientar las nuevas situaciones.

Por ello, y teniendo en cuenta la gravedad del paro y la precariedad, denunciamos la renuncia del estado, y de las instituciones europeas e internacionales, a ejercer como “empresario indirecto” propiciando el marco legal adecuado para crear puestos de trabajo y ayudar a los desempleados. Renuncia que provoca una desregulación total de las relaciones de trabajo y un reforzamiento del poder empresarial, y hace que las relaciones entre trabajador y empresario queden sometidas a la ley del más fuerte (la propiedad) afectando negativamente al empleo, al salario familiar, a las ayudas sociales, a la conciliación de la vida familiar y, sobre todo a la justa remuneración del trabajo, vía concreta para acceder a los bienes destinados a un uso común, y que LE considera como indicador último de la justicia de todo el sistema socioeconómico.


Denunciamos la lógica de la reforma, pues reduce el trabajo y los salarios a un coste variable, que ha de ajustarse a la marcha de los negocios, a las altas remuneraciones de los gestores y a las expectativas de beneficio de los capitales invertidos, y facilita el despido como mecanismo habitual para ese ajuste. Una lógica perversa que subvierte los principios básicos de la DSI, en particular al de la prioridad de la persona y el trabajo sobre el capital; y una lógica idolátrica que desplaza a la persona del centro de la vida, colocando en su lugar los intereses económicos, el mercado, como valor supremo que exige sacrificios y renuncias.

Denunciamos el clasismo que impregna la reforma, con medidas que expresan claramente el alineamiento y/o sometimiento de los poderes públicos a los poderes económicos y financieros. Una reforma, por otra parte, especialmente hostil con el sindicato y con la negociación colectiva, instrumento indispensable para buscar vías no traumáticas de adaptación a las distintas coyunturas y asegurar los justos derechos de los trabajadores Nos atrevemos a señalar que el resultado de estas actuaciones no puede ser sino el agravamiento de la crisis y del conflicto capitaltrabajo, que la reforma no aborda adecuadamente, pues los reduce a problemas y de carácter técnico, cuando en realidad se trata de cuestiones de carácter ético, resultado de esa inversión del orden de valores, de subordinar el trabajo al capital. “Sólo puede ser justo aquel sistema de trabajo que en su raíz supera la antinomia entre el trabajo y el capital, según el principio de la sustancial y efectiva prioridad del trabajo humano y de su participación eficiente en todo el proceso de producción…” (LE, 13). Para esa superación cabe subrayar que la tradición cristiana no considera la propiedad como un derecho absoluto e inviolable, sino “subordinada al derecho al uso común, al destino universal de los bienes” Tras las medidas de esta reforma laboral se descubre una clara intención de romper el equilibrio de poder en la empresa, ahondando aún más en la deteriorada relación de fuerzas entre el capital y el trabajo, incrementando de manera notable los poderes empresariales en la gestión del trabajo

Concluyendo, esta reforma considera a la economía del mercado como un absoluto desde el que todo se interpreta y se orienta, por ello está incapacitada para abordar y dar respuesta a los verdaderos problemas que nos afectan. Por ello insiste en repartir la pobreza entre los pobres, mientras la riqueza de los ricos se incrementa y concentra cada vez en menos manos. Superar la crisis, combatir el desempleo y la precariedad, crear trabajos dignos… requiere un cambio de paradigma, invertir la pirámide para situar la persona y sus necesidades por encima del capital y sus intereses.

para realizar la justicia social son siempre necesarios movimientos de solidaridad de los hombres del trabajo y de solidaridad con los hombres del trabajo” (LE 8)

Delegación Diocesana de Pastoral Obrera de Zaragoza

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